La Broma Negra en Gruta 77. Parte 1ª de 3
-Crónica de Antonio-
Cuando escuché por vez primera el Livbido aun no sabía del sabor y del perfume íntimo de una mujer. Tampoco disfruté en aquellos tiempos de La Broma Negra encima de un escenario. Cuando descubrí el sexo, el amor ejecutado, ya sabía de él gracias al Livbido, sabía de la pasión, de los celos, de la locura, del amor imposible, de la lujuria, del odio, del deseo. Porque de eso tratan las preciosas preciosistas canciones de La Broma Negra, canciones una y mil veces escuchadas que me hicieron soñar, y sobre todo sentir. Pero eran canciones que no había vivido en concierto y eso las hacía de algún modo incompletas, ingratas, de alguna manera eran amantes que habían borrado mi teléfono de su agenda, dejando una marca de carmín indeleble y dolorosa, por visible.

Ayer, en el enclave cuasi mágico del Gruta 77, poder ver a La Broma Negra ir desgranando de forma tan fantástica los nuevos temas de Envenenador de Manzanas y algunos antiguos, como Adicción, Maria, Amen y Jesús ahora, hizo que me sintiese completado. Ahora puedo seguir experimentando en la vida, desde el maravilloso punto de partida de la primera vez.
Las antiguas canciones, brutalmente abordadas y bordadas por la banda, no sería capaz de destacar a nadie de ese maravilloso ensamble de músicos, me devolvieron la alegría de mirar al lado y saber que aún habiendo muchas cosas que mutan, desaparecen, se emponzoñan o simplemente evolucionan en sentido diferente, algunos compañeros de viaje, siguen ahí, como siempre, como las canciones de La Broma Negra, canciones que tanto hemos escuchado juntos, que nunca hemos dejado de oír y que gracias a no se sabe qué designios, trece años después, disfrutaremos en las tablas de cualquier escenario.
Los que aún no sabéis que el corazón es algo sagrado no os lo toméis a broma, ni negra ni de ningún tipo. Hay cosas importantes en la vida, pocas, lo demás es morralla, buscad aquello que os completa aunque tarde 13 años en ser vuestro.