Calor Nostálgico

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Hoy caminaba por un pasillo del metro, de esos largos y con luz de película de terror, cuando me percaté de que algo había cambiado. A mi lado, una multitud se dirigía deprisa también hacia su destino, espaldas rectas y encorvadas, cubiertas y desnudas, con bolsos, carteras o el simple peso del madrugar sobre ellas. En sentido contrario, otra multitud presurosa con sus miradas al frente, fijas, de reojo en mí, escotes pornográficos, corbatas, logotipos y estampados sobre carnes calientes. Todo igual y todo distinto cuando me di cuenta de que el calor no me abrazaba pasional como de costumbre.

No tengo ni idea del por qué, pero me embargó una sensación extraña, casi de nostalgia, y pensé, y sobre ello escribo, en lo monótona que es la vida del trabajador. Desde que empecé a trabajar la primavera y el verano, el otoño y el invierno, no son más que palabras con las que evocar una infancia y adolescencia de parques y piscinas, lluvias y nieves, de un sol que hoy no importa si brilla o no porque yo no lo siento, no lo percibo como ese algo mágico que te transporta de una estación a otra con alegría o pena. Ahora, el sol es sólo una estrella que se encuentra en el centro del Sistema Solar, algo aburrido que estudiar en una clase de física o ciencias naturales.

Antes, el fin de curso en Junio, y su comienzo en Septiembre, eran dos fronteras, dos distingos en el año. Era el momento de escoger entre un Frigodedo o un Frigopie; era el momento del cloro en la piscina y la arena en la playa; era el momento del abrigo y los guantes, de los deberes en casa, los exámenes, y las excusas. Momentos que, buenos y malos, daban significado al calendario, te hacían sentir distinto, te hacían saborear el discurrir de la vida.

Ahora, como trabajador, las pausas naturales han desaparecido, y los días, semanas, meses, y años, circulan por una carretera en medio de la nada, sin un triste motel en el que parar a descansar, a apoyar la cabeza sobre la almohada, dormir, y soñar que hubo un tiempo en el que la infancia era eterna.

Pero no me malinterpretéis, no confundáis la nostalgia con la pena. No hay pena cuando miro al pasado porque esas forjas moldearon este hierro, con sus muescas sí, pero con la suficiente dureza para saber que esto es lo que hay, y que más vale buscar lo positivo, buscar la sonrisa, que estancarse y morir entre lágrimas. Lo que me da más rabia es no guardar recuerdo de todo, tener esas lagunas de memorias ahogadas, esos huecos sobre los que no puedo apoyar mis pies con firmeza mientras camino por un pasillo del metro, de esos largos y con luz de película de terror, pensando en cuánto ha cambiado todo.

Heat Of The Moment es una canción de Asia que podéis escuchar aquí.

3 comentarios para “Calor Nostálgico”

  1. Cesc dice:

    Yo era del micopie!!! Joder, leyendo esto me siento como con 12 años de nuevo.

  2. Amont dice:

    Bonito y eso que intento no pensar demasiado en el tiempo que ya pasó para no deprimirme jajajajajaja

  3. Chiky dice:

    Buena canción y buen post… Cómo pasan los años Hache!!!

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