Calor Nostálgico
Jueves, 29 de Julio de 2010
Hoy caminaba por un pasillo del metro, de esos largos y con luz de película de terror, cuando me percaté de que algo había cambiado. A mi lado, una multitud se dirigía deprisa también hacia su destino, espaldas rectas y encorvadas, cubiertas y desnudas, con bolsos, carteras o el simple peso del madrugar sobre ellas. En sentido contrario, otra multitud presurosa con sus miradas al frente, fijas, de reojo en mí, escotes pornográficos, corbatas, logotipos y estampados sobre carnes calientes. Todo igual y todo distinto cuando me di cuenta de que el calor no me abrazaba pasional como de costumbre.
No tengo ni idea del por qué, pero me embargó una sensación extraña, casi de nostalgia, y pensé, y sobre ello escribo, en lo monótona que es la vida del trabajador. Desde que empecé a trabajar la primavera y el verano, el otoño y el invierno, no son más que palabras con las que evocar una infancia y adolescencia de parques y piscinas, lluvias y nieves, de un sol que hoy no importa si brilla o no porque yo no lo siento, no lo percibo como ese algo mágico que te transporta de una estación a otra con alegría o pena. Ahora, el sol es sólo una estrella que se encuentra en el centro del Sistema Solar, algo aburrido que estudiar en una clase de física o ciencias naturales.
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