Smile
Viernes, 31 de Agosto de 2007
Ayer conocí a una lectora. Fue la primera vez real en la que he conocido a una persona que lee lo que escribo. Había conocido a gente que me leía pero eran amigos, conocidos; gente que te quiere, que te aprecia; gente con un vínculo que un día se enteran de que escribes y te leen una vez por obligación, o que repiten por interés, por curiosidad, porque les gusta. Pero no había conocido a ninguna persona que me leyese de manera espontánea, sin que ningún lazo nos uniese.
Y ayer la conocí. Fue algo imprevisto, algo que, si me hubiesen preguntado al levantarme de la cama, no hubiese dicho que pasaría en las dieciséis horas que estuve despierto. Ayer me desperté, me arrastré a la ducha, me tomé mi remedo de desayuno, me disfracé, salí de casa, y al cruzar la puerta hice un repaso mental breve de lo que tenía que hacer en el día. Ni que decir que casi toda la lista estaba formada por cosas del trabajo porque es triste decirlo, pero el trabajo es la actividad que se come la inmensa mayoría de las horas que vivimos, y sólo las vivimos una vez. (más…)






